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Saciabilidad de los alimentos

La naturaleza nos ha impuesto un instinto fundamental, tal vez el más poderoso, grabado a fuego en nuestro ADN como premisa imprescindible para que no nos olvidemos de comer, el hambre. Implacable en el tiempo e imposible de anular. Sólo se desactiva cuando ha sido satisfecha y activa la sensación de saciedad. Incluir en el menú diario alimentos que retarden el apetito y generen saciedad sería una buena estrategia para perder peso, y los que tienen una mayor capacidad saciante son aquellos ricos en grasas, proteínas y fibra, que se encuentran en carnes, huevos, legumbres, frutos secos, cereales y verduras. Alimentos que no activan la insulina, que es la que produce bajadas rápidas de azúcar y estimula el apetito, algo que sí ocurre con los hidratos de carbono u otro tipo de azúcares. Además, tienen una digestión muy laboriosa y lenta, lo que contribuye a que el organismo tarde en pedir alimento.

Aguacates, legumbres, encurtidos, capsaicina (compuesto químico presente en los pimientos picantes como los chiles y responsable de su pique), huevos, agua, manzanas y frutos secos, consumidos en el momento adecuado, pueden ayudarnos a calmar nuestro apetito y no caer en el peligroso picoteo.

  • Comer poco sacia más

En nuestros orígenes como seres humanos, el hambre nos llevó a desarrollar un mecanismo reflejo: comer mucho si había alimentos para no desaprovechar el momento, y reducir el apetito en el caso contrario para evitar sufrir por hambre. Si come poco, acabará teniendo poca hambre y si come mucho, tendrá mucha hambre. Un mecanismo sencillo que el cerebro desarrolla en pocos días.

  • El truco del almendruco…

La sensación de saciedad se activa en cuanto empieza a caer algo de comida en el estómago y llega a su apogeo unos 15 o 20 minutos después de haber ingerido el primer bocado. No está directamente relacionado con la cantidad, sino con el tiempo que tardamos en comer. Podemos acelerar esta sensación aprovechando la conexión que los músculos de la mandíbula tienen con el centro de la saciedad, manteniendo por más tiempo la comida en contacto con la lengua, encargada de percibir el sabor. Cuanto más continuada e intensa sea esta percepción, antes se activa el centro de la saciedad.

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