Estrategias y tácticas para adelgazar

La logística es el arte de calcular y sabido es que los cálculos (los correctos) nos ayudan a resolver las ecuaciones más complejas. Una buena logística alimentaria es imprescindible para conseguir los objetivos propuestos y, ya que los orígenes de la logística tienen raíces militares, nada mejor que aprovechar dos términos fundamentales para librar la batalla definitiva contra la obesidad y asegurarnos la victoria, estrategia y táctica.

Si la estrategia viene a ser el conjunto de acciones planificadas y coordinadas sistemáticamente en el tiempo para lograr un objetivo, la táctica sería el método o la forma empleada, de acuerdo a las circunstancias que tiene que enfrentar. Nuestra estrategia pasará por diseñar un plan que perdure en el tiempo, con objetivos claros y asimilables y tener tácticas para cada momento que salvaguarden el éxito de la estrategia. Y recuerda, si quieres perder peso y no recuperarlo no hagas dieta, aliméntate bien.

  • Estrategias
1. Conoce al enemigo. Información es poder, y si sabes cómo te afectan los distintos alimentos, cómo los procesa tu metabolismo y empiezas a usar la biología a tu favor te posicionará en una situación de ventaja. Con esto puedes eliminar aquellos alimentos que engordan sí o sí y no son saludables, sabrás el mejor momento y en que forma tomar los que sí te benefician.

2. Disfruta de las comidas. Los hábitos alimentarios saludables no tienen por qué convertirse en una penitencia. La fuerza de voluntad puede resultar encomiable y hasta heroico, pero no funciona, nadie dispone de la suficiente y termina sucumbiendo a la tentación. Mejor desarrolla un recetario de platos con los que disfrutar, sentirte saciado y que te llevarán a olvidarte de tus antiguos superplatos. Te sorprenderá la cantidad de recetas que podrás hacer con los alimentos (bastantes) que te quedan después de la criba.

3. Fracciona y equilibra las comidas. Es importante mantener el aporte energético y nutricional a lo largo de toda la jornada, con esto se evita el estrés que se genera cuando reducimos su ingesta y el consiguiente atracón que dispara los niveles de insulina y termina engordando los adipocitos. Diseña tu plan de comidas en función de la actividad que tengas y entorno a cuatro o cinco aportes. Además, cuanto mayor es el número de comidas, mayor es la termogénesis alimentaria, es decir, el gasto calórico que realiza el organismo en la digestión, absorción y asimilación de los nutrientes contenidos en los alimentos.

  • Tácticas
1. Empieza todas las comidas con verduras. Además de saludable produce un efecto saciante que conlleva una disminución del resto de alimentos. Conviértela, sobretodo, en primer plato y abundante o en acompañamiento principal en almuerzo y cena.

2. No hagas un caballo de Troya y lo metas en tu propia casa. Ve a comprar con una lista cerrada, y mejor después de comer y relajado. Intenta que sea algo entretenido, analiza y selecciona los productos frescos y lee las etiquetas de los envasados. No compres lo que no necesitas.

3. Aperitivos saludables. La diferencia entre mantenerse en el peso ideal o padecer de sobrepeso tiene mucho que ver con el picoteo antes del almuerzo y la cena. Son momentos en los que el hambre aprieta y tiramos de esos snacks artificiales a base de carbohidratos refinados y grasas trans. Sustitúyelos por alimentos saciantes pero saludables como frutas, encurtidos (aceitunas), conservas y frutos secos.

4. Comer poco sacia más. Un mecanismo reflejo que persiste desde nuestros orígenes: comer mucho si había suficiente alimento y reducir el apetito en tiempos de escasez para no pasar hambre. Aprovecha este sencillo mecanismo, que el cerebro desarrolla en pocos días, para tener poca hambre comiendo poco.

5. No te dan un premio por comer ligero. La sensación de saciedad se activa 20 minutos después de que empiece a caer algo de comida en el estómago. No está directamente relacionado con la cantidad, sino con el tiempo que tardamos en comer. Pero todavía se puede acelerar más esta sensación manteniendo por más tiempo la comida en contacto con la lengua, gracias a su conexión con el centro de saciedad. Disfruta de los sabores y convierte la comida en algo placentero y relajado. Evitarás, además, malas digestiones al triturar y ensalivar convenientemente la comida.

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