Cómo funciona nuestro metabolismo

Por el pleistoceno, cuando los mamuts abandonaban la pradera en busca de mejores tiempos y los conejos no salían de la madriguera, a nuestros antepasados no les quedaba otra que tirar de tubérculos, raíces, frutos secos y alguna que otra fruta amarga. La evolución fue adaptando aquel metabolismo para poder dar respuesta a la diversidad de alimentos y circunstancias en las que la naturaleza les ponía. Resultando un metabolismo eficaz, intrincado, pero muy poderoso. Generador de un proceso digestivo que obtiene sus componentes básicos e imprescindibles a través de una compleja cadena de fabricación de enzimas.

 

Pero el principal protagonista de la alimentación no es otro que el cerebro, concretamente una glándula hormonal del volumen de un guisante llamada hipotálamo, la región del cerebro más importante para la coordinación de conductas esenciales, vinculadas al mantenimiento de la especie. Regula la liberación de hormonas de la hipófisis, mantiene la temperatura corporal, y organiza conductas, como la alimentación, ingesta de líquidos, apareamiento y agresión. Es el regulador central de las funciones viscerales autónomas y endocrinas.

En este “guisante” luchan denostadamente dos tipos de neuronas, unas que al activarse nos hacen sentir hambre y otras que nos hacen sentir saciedad. Así pues, comemos porque nuestro cerebro recibe señales que transforma en la percepción de hambre cuando es necesario acumular nutrientes y energía y en la sensación de saciedad cuando esa necesidad ha sido satisfecha. Un sistema que ha resultado ser tremendamente frágil cuando las condiciones nutricionales cambian bruscamente en un periodo corto de tiempo.

Un binomio inseparable que ha desarrollado una simbiosis perfecta de planificación industrial, dirección y ejecución, buscando los alimentos más apropiados en cada momento y asimilarlos de la manera más conveniente. Hasta que dejamos de depender de la naturaleza, nos olvidamos de ella y llegó la industria alimentaria ofreciéndonos en bandeja de plata alimentos extraordinariamente sabrosos, fácilmente asimilables, dañando nuestro sistema biológico de forma, para algunos, irreversible.

Por eso se hace imprescindible para evitar la obesidad y los problemas de salud conocer como se relaciona y cómo funciona ese binomio. Cómo nos afectan negativamente los alimentos de alto índice glucémico, optar por las grasas más beneficiosas, incluir en el menú diario alimentos saludables con una palatabilidad y saciabilidad que eviten la sensación de hambre crónica.

No se trata de volver al pleistoceno, entre otras cosas porque los alimentos también han evolucionado, sino de adquirir hábitos culinarios coherentes con nuestra biología. Toda vez que el Hombre ha cambiado tan rápida y drásticamente su forma de vivir y de alimentarse que el metabolismo, mucho más lento en adaptarse, ha sido incapaz de acompañarle. Y el hambre, ese instinto tan poderoso, ha terminado por desconectarse del sistema y sigue ejecutando sin piedad su cometido…

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